La vida es como un juego, evitando exponer nuestras debilidades y dando falsas sonrisas ante la perdición.
Creamos miles de identidades para cada situación hasta terminar olvidando cuál era la verdadera.
Son pocos los destinados al triunfo inmediato, los demás deben conocer el fracaso y al finalizar la partida volver a empezar.
Engaños y peleas dominan las acciones, pero esos escasos momentos de humildad son, a veces, los que terminan en éxito.
Y a la final, al ganar ya no queda más que volver a empezar...
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